Domingo, 07 de Diciembre del 2003

Arequipa: de la autonomia a los incentivos

18/4/2002
Por JAIME DE ALTHAUS

El regionalismo y la unidad pluriclasista de los arequipeños frente a Lima han sido siempre proverbiales en el Perú. En la actualidad son sólo una leyenda. Es cierto que todavía los arequipeños se perciben a sí mismos como diferentes, incluso superiores, al resto de los peruanos. Hay una identidad arequipeña que todavía subsiste en sus clases medias y altas, que va desde el orgullo y el cuidado de su arquitectura colonial abovedada, diferente, hecha de un material especial -el sillar-, hasta la conciencia de ser una clase empresarial y moderna que vivió siempre de su trabajo. "Los que vivimos en Arequipa y conocemos nuestra realidad sin chauvinismos ni falso orgullo, sabemos positivamente que nuestra riqueza está constituida por la gente que ha hecho de esta zona pobre la segunda ciudad del Perú, sin tener otra cosa que eso: GENTE, austera y trabajadora. GENTE que cree en su responsabilidad como peruanos y acepta retos grandes, pues los pequeños los asume todos los días, tal como puede constatarse en las irrigaciones oficiales y clandestinas que existen en el departamento...", decía un boletín de la Cámara de Comercio e Industria protestando por la reciente suspensión de los trabajos de Majes dispuesta por el Presidente Alan García (Cámara QP, 1985, Nº 38). "La razón de ser del arequipeño no es la costa sino su casta", dicen los arequipeños en relación a la famosa presunción de ser costeños a los 2,350 msnm. De hecho, a diferencia de La Libertad, en Arequipa casi no hubo haciendas sino pequeñas y medianas propiedades intensivamente trabajadas que dieron lugar a una suerte de pequeña y mediana burguesía agraria. Hubo pues una clase media empresarial que fue la base de la relativa industrialización arequipeña a partir de los años 20. Y no cabe la menor duda que, efectivamente, hasta 1956, Arequipa desempeñó un rol líder dentro de la región sur. Un rol líder tanto en lo económico -en la formación del mercado interno y de la división del trabajo regional-, como en lo político -las demandas autonomistas y descentralistas-. La élite arequipeña, que había abierto el mercado interno mediante la extracción de la lana y la venta de productos importados, quiso profundizar ese mercado interno, y pugnó siempre la modernización de los regímenes feudales y por la industrialización. Desde la fundación del Partido Liberal Independiente en 1901, hasta la aparición de la Democracia Cristiana en 1955, pasando por la Liga Autonomista de 1931 y el Partido Descentralista, tuvo siempre un mensaje progresista industrialista y descentralista al cual se adhirieron con frecuencia las élites intelectuales y económicas de Puno y Cusco (Ver Caravedo, 1978). No debe sorprender el entendimiento fácil que se produjo en 1945 en el Frente Democrático Nacional entre la burguesía arequipeña y el APRA. Ambos tuvieron en común, aunque por razones distintas, la oposición a los agroexportadores del norte. Los arequipeños propugnaban las políticas industrialistas que luego se consagrarían, a partir de 1959, en la estrategia nacional de industrialización por sustitución de importaciones, y esas políticas tenían puntos de conflicto con las propuestas liberales de los agroexportadores. El Apra, por su lado, había surgido en el norte como una reacción social frente a la expansión de las grandes haciendas azucareras, que desplazó a los medianos y pequeños propietarios del campo y que tampoco les dio sitio en las ciudades porque las plantaciones, sobre todo Casagrande, prefirieron funcionar como enclaves sin dar trabajo ni función alguna a las ciudades vecinas. Según el historiador arequipeño Juan Guillermo Carpio (comunicación personal), los acontecimientos de 1956 que acabaron con la renuncia del Ministro de Gobierno de Odría, Esparza Zañartu, fueron la última ocasión en que la burguesía arequipeña comandó la unidad pluriclasista. De ahí en adelante la burguesía arequipeña se habría fusionado con la burguesía nacional y la Federación Departamental de Trabajadores con la Central Nacional, con la CGTP. La prueba más reciente de esto último sería el encumbramiento de Valentín Pacho, ex Secretario General de la Federación Departamental, al cargo de Secretario General de la CGTP nacional. Los intereses respectivos habrían dejado de ser regionales y pasaron a ser nacionales. El regionalismo fue sustituido por alineamiento nacional de clases. En otro lenguaje, esto equivaldría a decir que la economía de mercado se expandió diluyendo las fronteras regionales. Y, como hemos señalado, esto no es exacto. Sí ocurrió, sin embargo, que la victoria final de las tesis sustitutivo-industrialistas a nivel nacional, y la derrota de las posiciones liberales agroexportadoras, disminuyeron evidentemente el sentido del reclamo descentralista arequipeño en la medida en que era un reclamo industrialista. LA DESAREQUIPEÑIZACIÓN DE LA INDUSTRIA Más que una fusión, que sin duda la hubo parcialmente, lo que se produjo fue un cierto desplazamiento de la burguesía arequipeña por la limeña. La captura del mercado regional por la industria limeña o trasnacional. Lo que ocurrió fue pues algo un poco más complejo. El progreso de las carreteras a partir de mediados de siglo permitió a la industria limeña invadir los mercados del sur tradicionalmente abastecidos por los comerciantes e industriales arequipeños. Desde el punto de vista de los intereses comerciales, la vinculación directa entre el Cusco y Lima rompió el predominio de las casas comerciales arequipeñas en el Cusco, que fueron sustituidas por limeñas, y la industria limeña desplazó hace mucho tiempo las importaciones que se hacían por Matarani. Incluso Tacna y Moquegua tienen, y tuvieron siempre, sus propias casas comerciales, la de los Cánepa por ejemplo. La casa Ricketts, que intentó establecerse en Tacna en una época, tuvo que cerrar. Según Stanley Simons, Gerente de la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa, también contó el hecho de "la apertura de vías de comunicación directa entre los departamentos del sur (entre Puno, Cusco y Madre de Dios por un lado, y Tacna y Moquegua por otro), que en cierto modo y en algunos aspectos flanquearon a Arequipa, aislándola de sus contactos interregionales" (comunicación personal). Por estas razones, y por la competencia de las fibras artificiales, parte de la industria sustitutiva arequipeña tuvo dificultades y fue adquirida por capitales limeños o trasnacionales. En este sentido, más que fusión con la burguesía nacional lo que hubo fue una desaparición o una migración de la burguesía regional. Pero no de toda. Muchos capitales arequipeños se refugiaron en las nuevas ramas químicas y metalmecánicas, en las ramas de ensamblaje dirigidas al mercado limeño o nacional más que al regional, y también en la introducción de valor agregado a las exportaciones de fibra de alpaca. Y entonces lo que solicitaron fueron incentivos, y ya no autonomía política. Incentivos especiales para poder competir con la industria limeña en el mercado limeño. Salvo por la exportación de la lana, la burguesía arequipeña se desentendió cada vez más del problema regional porque la división del trabajo se estableció cada vez más con las industrias de Lima que con las arequipeñas. Las demandas arequipeñas se centraron cada vez más, pues, en la obtención de incentivos especiales para la producción industrial dirigida al mercado de Lima. Efectivamente el parque industrial y los incentivos anexos en 1965-66 fueron una conquista que permitió un segundo salto en la industria arequipeña. El elemento que vino a rematar la desvinculación paulatina de la burguesía arequipeña respecto del mercado del sur fue, sin lugar a dudas, la Reforma Agraria, que "expulsó" a los propietarios arequipeños de Puno. Las mejores y más tecnificadas haciendas de Puno estuvieron en manos de arequipeños. Esta relación se cortó completamente, aunque persistió la conexión comercial a través de la compra, por parte de las casas transformadoras y exportadoras, de la fibra de alpaca. Pero en la medida que esta relación puramente comercial involucra apenas a dos o tres empresas arequipeñas, y no ya a un número relativamente importante de miembros de la élite arequipeña, esta última, como un todo, fue paulatinamente eliminando de su horizonte expansivo las regiones interiores del sur. Pero, a pesar de la paulatina desvinculación con el mercado interno de la región sur, y de la relativa desarequipeñización de la industria arequipeña, todavía durante la década del sesenta la élite empresarial arequipeña volvió a liderar un esfuerzo pluriclasista.

FUNDACION DEL COLEGIO DE LA INDEPENDENCIA Y DE LA UNIVERSIDAD

18/4/2002
Por VIDA - Historia

El Libertador, desde Puno, por decreto del 6 de agosto de 1825, primer aniversario de la batalla de Junín, ordenó la fundación de dos establecimientos de ciencias y artes en la ciudad de Arequipa. Encomendó su ejecución al Prefecto General Antonio Gutiérrez de La Fuente, segundo Prefecto que reemplazó al General Otero. Por ese decreto se creaba la Junta de Beneficencia Pública para promover estos establecimientos y otros servicios urgentes de la ciudad. El personal de esta Junta estuvo formada por arequipeños destacados y partidarios de Bolívar. Por ello quisieron que el Colegio se llamase Bolívar y la Universidad Simón. De esta suerte se echaron las bases de los dos grandes establecimientos de Instrucción que tiene Arequipa. El 15 de julio de 1827, el Prefecto General Gutiérrez de La Fuente, instaló en el antiguo Convento de los Padres Agustinos el Colegio Nacional de la Independencia Americana. La ceremonia se realizó en el templo de San Agustín, la que alcanzó contornos extraordinarios. Pronunció el discurso de fundación el Prefecto General La Fuente, declarando solemnemente que inauguraba dicho plantel. Le dio respuesta el doctor Santiago O'Phelan, Canónigo y profesor de Religión. Los profesores recibieron la banda celeste, insignia de su cargo. Tomó la palabra en este acto el Presidente de la Academia Lauretana, doctor Manuel Amat y León celebró la misa el Deán doctor Manuel Fernández de Córdova. El Obispo Goyeneche, revestido de pontifical entonó el Te Déum. Alma de esta fundación fue el doctor Juan Gualberto Valdivia. Fue el primer Rector el doctor José María Corvacho, y el segundo el doctor Valdivia. Los más distinguidos maestros de Arequipa han desfilado por sus cátedras y su Rectorado. El Deán Valdivia fue cuatro veces Rector en distintos periodos, y le tocó reorganizar el Colegio por encargo del Presidente Castilla. Dr. Mateo Paz-Soldán, Dr. Toribio Pacheco, Dr. Mariano Cateriano, Dr. Mateo Garzón, Dr. José Benito Montesinos, Dr. Carlos R. Polar, quien hizo funcionar el colegio un tiempo en su casa cuando fue ocupado como cuartel en la guerra con Chile. Dr. Pedro José Neira Balbuena, Dr. Belisario Calle, Dr. Emilio Lizárraga, Dr. Jesús Diez Canseco, Dr. Luis Chávez, interino, maestro de varias generaciones, Dr. Ildefonso E. Ballón. La obra pedagógica y educadora del Dr. Carlos D. Hilburg hizo honor a la honrosa tradición intelectual de los fundadores. Tiene más de un siglo de existencia y su actual Director es el Dr. Horacio Morales que le ha dado notable impulso y desarrollo. Tiene al presente más de mil quinientos alumnos. Se construye actualmente en la parte oriental de la ciudad un nuevo local, con los fondos dedicados al Centenario por el Gobierno, será un gran edificio. En el periodo de las revoluciones, sufrió las consecuencias de éstos movimientos, interrumpiendo su funcionamiento. El General Castilla en 1848, encomendó su reorganización al Deán Valdivia. En la guerra con Chile el Colegio fue convertido en cuartel y funcionó entonces en el local de la Tercera Orden de San Francisco y después en la casa de su Rector Dr. Caros R. Polar a donde iban los alumnos a dar examen. El plan de estudios conforme al cual se fundó comprendía: Castellano, Latín, Francés, Inglés, Literatura, Derecho Natural y de Gentes, Público, Civil y Canónico, Matemáticas elementales y aplicadas, Astronomía, Física, Química, Mineralogía, Geología, Botánica, Anatomía, Cirugía, Medicina, Economía Política, Teología, Agricultura y Dibujo. Estudios Universitarios con los cuales los alumnos optaban títulos profesionales. A los cuarenticinco días de su fundación, el 31 de agosto, se rinden los primeros exámenes y el 3 de julio de 1828 fue aprobado por aclamación en sus exámenes, el sabio arequipeño Dr. Gregorio Paz Soldán. De sus aulas han salido elementos de destacada actuación intelectual, profesional y patriótica, y para no citar muchos, basta señalar como exponente de ese alumnado distinguido, al Dr. Francisco García Calderón, Presidente de la República y discípulo predilecto del Deán Valdivia.

FUNDACION DE LA ACADEMIA LAURETANA

18/4/2002
Por VIDA - Historia

La Academia Lauretana de Ciencias y Artes de Arequipa se fundó solemnemente el 10 de diciembre de 1821, siendo jefe político de la provincia el Coronel de Ejército español don Bautista Lavalle, Alcalde de Segunda Nominación Capitán Ignacio Novoa, Obispo de Arequipa, don José Sebastián de Goyeneche y Barreda y Síndico Procurador, Promotor y fundador de la Academia el Dr. Evaristo Gómez Sánchez. La Academia Lauretana viene a significar la más alta expresión del pensamiento y de la intelectualidad arequipeña y se alzó como un hito gigantesco deslindando el campo colonial que se extinguía y el advenimiento de la Patria. Surgió cuando Arequipa todavía estaba bajo el régimen político de España, no obstante que ya San Martín había proclamado la Independencia del Perú, en Lima y era dueño de casi todo el litoral. En esos días la mantenía en la obediencia al Monarca el cruel General Ramírez. Pese a las oposiciones y a las intrigas, la Academia se fundó y cumplió inalterablemente con su misión superior. Dio los hombres que gobernaron más tarde la naciente república y fue el primero y único centro intelectual que se presentaba en Arequipa de esa carácter y aspecto. La ceremonia de instalación se hizo en el templo de la Compañía, estuvo presente todo Arequipa, se repartieron invitaciones impresas en la primera imprenta que hubo en esta ciudad debido al esfuerzo del primer impresor don Jacinto Ibáñez, quien la estrenó con esos convites. La Academia tuvo por Patrona a la Virgen del Loreto porque en ese día 10 de diciembre se celebraba su festividad. Todo ese séquito brillante de autoridades, personajes y militares fue presidido por el General Ramírez, jefe del Gobierno en Arequipa. El Clero estuvo presidido por el Obispo Goyeneche, los oficios religiosos y académicos fueron lucidos. Predicó el más notable de los oradores de entonces, el Francisco Fr. José Maldonado. El Síndico Dr. Gómez Sánchez pronunció un conceptuoso discurso perfilando la fisonomía de la Academia. Terminada la función en la iglesia, el cortejo regresó a la casa del Ayuntamiento situado en el local en que hoy está el Municipio de donde había salido, llevando procesionalmente la imagen de la Virgen del Loreto esculpida en una lámina de oro. Allí pronunció un discurso una niñita del Colegio de Educandas que imploraba para su débil sexo las luces de la Academia. El regocijo fue general y Arequipa se vistió de gala ese día y en la noche hubo gran festival e iluminación en toda la ciudad. La Academia tenía veinticinco socios de número y veinticinco de honor y entre ellos estuvo lo más representativo de la intelectualidad arequipeña. Figuraron en ella: don Pío Tristán, don José Menaut, Fr. Juan Gualberto Valdivia, todavía, fraile mercedario, José Fernández Dávila, futuro Rector de la Universidad, Dr. Manuel Amat y León que casó con la Silvia de Melgar, Juan de Dios Salazar y Andrés Martínez, Mateo de Cossío, Mateo Eguiluz, Mariano Cornejo, Manuel Centeno, Francisco Vigil, Manuel Rivero de Besoaín, José María Corvacho, Fr. Remigio del Valle, dominico, Bernabé Lecumberri, mercedario, Fr. José Maldonado, franciscano, Juan Manuel Vargas, Rafael Evaristo Barriga, José María Adriazola, Fernando Arce y Fierro, Matías Agoís, Tadeo Chávez, y José Rey de Castro. Tuvo además académicos natos que eran las autoridades políticas y eclesiásticas, académicos honorarios natos y académicos honorarios de primera creación. La Academia fue un alto centro de cultura superior, que funcionó en el local del Ayuntamiento y bajo el apoyo económico de éste. Instruyó a la juventud en las careras liberales de Derecho y de Medicina y expidió títulos profesionales con valor Oficial según la ley de 1828, facultad que duró hasta la creación de la Universidad. Sus disertaciones y ponencias académicas se engolfaron en disquisiciones teológicas y sutilezas de Derecho Canónico. Se ha hecho célebre la disertación sobre el celibato eclesiástico defendido por el Dr. Amat y León e impugnado aparentemente por el Dr. Juan Gualberto Valdivia. La Academia duró hasta 1856 y en cuyas postrimerías tuvo una vida un tanto lánguida y sólo daba muestras de vida en los exámenes de Práctica Forense y en las reuniones para alguna sesión. El Colegio de Abogados recibió la tradición y el legado jurídico de la Academia. Esta docta corporación se nutre de esa noble tradición intelectual y profesional. Su actual Decano es el doctor Guillermo Gustavo Paredes. De su seno salieron los dos grandes establecimientos de instrucción y cultura superior de Arequipa: El Colegio de la Independencia y la Universidad de San Agustín. Fue acusada al Virrey La Serna por sus ideas liberales y se puso en serio peligro su existencia.

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