El cártel petrolero recorta una vez más los bombeos para tratar de revertir la caída de precios | Economía

El mercado petrolero vuelve a estar inundado: se extrae más de lo que se consume. Y esa dinámica, que previsiblemente irá a más en los próximos años, obliga una vez más a mover ficha a las principales potencias exportadoras de crudo. La versión ampliada de la Organización de Países Exportadores de Petróleo —la llamada OPEP+, liderada por Arabia Saudí y Rusia— ha acordado este jueves un nuevo tajo —aunque “voluntario”— en la cantidad de crudo que pone en el mercado con el objetivo único de reequilibrar las sacrosantas —pero relativas: es un oligopolio en toda regla— fuerzas de la oferta y la demanda.

Según el comunicado de la OPEP, Arabia Saudí se limitará a mantener su recorte ya anunciado de un millón de barriles diarios, Rusia retirará 500.000 en el primer trimestre de 2024, Irak 223.000, Emiratos Árabes Unidos 163.000, Kuwait 135.000, Kazajistán 82.000, Argelia 51.000 y Omán 42.000.

La reacción del mercado ha sido de cierta tibieza, quizá por el carácter voluntario de la acción por parte de las naciones del cártel: tras haber llegado a subir casi un 2% a mediodía, antes de que se conociera la noticia, el brent cotizaba en tablas al cierre de las Bolsas europeas. El recorte, no obstante, se daba casi por descontado en los últimos días, en los que el crudo ya había recuperado posiciones.

La narrativa de los productores —”el sentimiento negativo es exagerado”, decía la OPEP hace un par de semanas— y los hechos discurren por distintos raíles. Este enésimo tijeretazo, que ronda el millón de barriles diarios (el 1% de lo que se bombea en todo el mundo), era casi obligado: en menos de dos meses, el brent ha pasado de rozar los 100 dólares a quedar solo ligeramente por encima de los 80, una barrera que incluso llegó a perder a mediados de noviembre. “Había mucha presión sobre el grupo: han visto caer mucho los precios [en los últimos tiempos]”, subraya Amrita Sen, jefa de análisis de la consultora energética Energy Aspects, en declaraciones a Bloomberg.

No hace ni medio año desde la última vez en la que los grandes productores de crudo cerraron el grifo. Fue en junio, cuando Riad asumió sobre sus hombros la mayor parte del sacrificio —un millón de barriles por día, igual que ahora— para tratar de darle la vuelta a la declinante senda de precios. Entonces, como ahora, el tira y afloja entre exportadores fue la nota predominante en las negociaciones: el margen de los países más pequeños para reducir sus bombeos es mucho menor que el de los grandes, con la petromonarquía del desierto a la cabeza.

El cártel tiene un problema añadido: los bombeos de los productores de fuera de la OPEP (ya sea en su versión tradicional o en la ampliada, con Rusia) no solo no han dejado de crecer sino que lo seguirán haciendo en los próximos tiempos, arañando cuota de mercado a los productores más clásicos. El empuje de Estados Unidos, primer productor mundial de crudo, es importante.

Pero hay más: la capacidad extractiva de Brasil —cuyo Gobierno, por cierto, ha confirmado este jueves la invitación del cártel para unirse al club, a la que aún no ha respondido— ha crecido notablemente en los últimos años. Y la pequeña Guyana ha protagonizado el, quizá, último milagro petrolero tras el descubrimiento de vastos yacimientos que ya empiezan a dar sus primeros frutos en forma de mayores bombeos.

Según las cifras de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA, por sus siglas en inglés), este ramillete de países pondrá en el mercado mundial casi dos millones de barriles diarios más en el cómputo total de 2023, mientras que los países de la OPEP reducirán su oferta en alrededor de medio millón de barriles. Para 2024, las previsiones pasan por que ese grupo aumente su producción en alrededor de un millón; una cifra que podría incluso crecer para aprovechar el vacío que dejan Arabia Saudí, Rusia y sus otros socios en el mercado global.

El nuevo recorte de los 23 miembros de la OPEP+ (los 13 de la OPEP a secas: Arabia Saudí, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Irán, Angola, Nigeria, Argelia, Libia, Venezuela, Congo, Gabón y Guinea Ecuatorial; y los 10 socios no externos: Rusia, México, Kazajistán, Omán, Azerbaiyán, Malasia, Baréin, Sudán del Sur, Sudán y Brunéi) estaba previsto para el domingo pasado. Sin embargo, el desacuerdo en el seno del cártel, con Arabia Saudí insistiendo en no asumir por sí sola todo el recorte, obligó al grupo a postergarla.

A la espera de que el tajo recién acordado entre en vigor, la versión ampliada del cártel pone hoy en el mercado 43 millones de barriles cada día. Es, aproximadamente, el 40% de la producción mundial de esta materia prima, principal causa del cambio climático y —pese a todo— aún dominante en la matriz energética mundial.

El pacto de este jueves —que se suma a los cinco millones de barriles ya retirados del mercado en los últimos tiempos— coincide, además, con la inauguración de la 28ª cumbre climática. El anfitrión no podía ser más paradójico: Dubái (Emiratos Árabes), una ciudad-emirato esculpida por el dinero del petróleo y el gas.

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