‘OT’ Gala 8: A ‘Operación Triunfo’ 2023 no le dan miedo nuestras lenguas | Televisión

A Operación Triunfo le viene bien Amazon Prime porque los contenidos de las plataformas los buscas, no te los encuentras casualmente y eso elimina a los mirones, a los que solo se acercan a los programas por si hay algo que criticar, polémica, morbo, carnaza. Por eso que en 2018 Miki Núñez interpretase en Una lluna a l’aigua de Txarango, la primera canción en catalán escuchada en el programa, provocó que el programa fuese acusado de “independentista”. Sin embargo ayer, cuando Chiara y Martin cantaron en catalán y euskera su tema Escriurem no pasó nada. El origen de aquel escándalo fue pueril, el grupo se había manifestado a favor de la independencia y su cantante estaba integrado en una lista de la CUP, pero fue suficiente para generar polémica.

Ayer no hubo titulares alarmistas porque ya no existe ese público ocioso que solo recae en el programa mientras hace zapping en las publicidades de El Hormiguero, solo fans entregados, y de haberlos lo que tendrían que destacar es que en un formato que inició su andadura en 2001 se hayan escuchado apenas cuatro canciones en lenguas oficiales del Estado que no sean el español.

Y si a OT le viene bien Amazon, a Amazon parece funcionarle estupendamente OT. A pesar de la opacidad que las plataformas mantienen sobre sus audiencias, el anuncio de Chenoa de una futura gira es el mejor indicador de que los datos son buenos y, mejor, que están logrando llegar a los jóvenes, el segmento más codiciado.

“Todo es copia”, le decía a Nora Ephron su madre, y sin saberlo definía el modus operandi semanal de OT. Aunque los primeros acordes siempre parezcan remitir a un original, lo que viene a continuación nunca lo es. Los nominados Cris y Bea interpretaron sendos temas de José Luis Perales y Bob Dylan, pero en versiones de Marc Anthony y Adele, dos platos fuertes porque ya solo queda un mes de programa. Bea apostó por Make You Feel My Love y Cris por Y cómo es él, una de esas canciones que como decían del Every Breath You Take de Police en Solo asesinatos en el edificio, analizada en frío parece un himno al acoso. Si alguien le hace esas preguntas respecto a su nueva pareja, cambie la cerradura y bloquéelo, a veces el ghosting está justificado.

Votación ajustada y expulsión

Finalmente, fue Bea quien permanecerá una semana más en la Academia gracias a un ajustadísimo 52,3% de los votos y Cris, el concursante al que hacerlo casi todo bien no le ha servido para ganarse el fervor del público, quien la abandonó, tal vez porque carece de eso intangible que llaman “relato”.

A Juanjo, el favorito de la semana pasada, le tocó salir de su “zona de confort”. Esta vez no hubo baladas melosas al servicio de su imponente capacidad vocal, tuvo que fajarse con un reguetón de Tini y María Becerra, un género muy poco afín a su adorada jota. El resultado final fue algo que habría deslucido en una clasificatoria del Eurojunior.

Hay concursantes con un desparpajo insultante, incluso cuando se enfrentan a canciones desacertadas. A Naiara le tocó esta semana la preciosa La gata bajo la lluvia que Rafael Pérez-Botija compuso para Rocío Dúrcal. Como recalcó Chenoa, la maña tiene “vozarrón”, pero cuesta creer que alguna vez haya pronunciado expresiones como “hazme el amor” y mucho más que alguien la haya dejado en seco o bajo la lluvia. O al menos que la haya dejado y haya sobrevivido para contarlo. La de Dúrcal es una canción para cantar desde el desgarro, pero ella lo hace desde la frontera con la ira porque en ningún multiverso Naiara se imagina degradándose tanto ante un ex como para pedirle humillante sexo por compasión, se limitaría a rajarle las ruedas del coche y hervirle un conejo en la olla a lo Alex Forrest en Atracción fatal. La canción pide desesperación ahogada y ella la canta como alguien que sabe que si pide un café le montarán una boutique de Nespresso, una franquicia de Starbucks o trescientas hectáreas en el Eje Cafetero.

El emocionadísimo Miki que apareció en el plató, orgulloso de que se haya interpretado su tema en el concurso que le ha dado popularidad, no fue el único concursante del pasado con protagonismo. A Ruslana le tocó lidiar con el Miamor de Aitana & Rels B, y la coreografía supuestamente “pornográfica” que dio lugar a una de las polémicas más surrealistas del pasado año cuando alguien tomó en serio la broma de Twitter y la bola de nieve generó toda una corriente de opinión respecto a algo que no había sucedido. El maravilloso mundo de las redes sociales.

Al igual que con SloMo, Rulsana tuvo que desfondarse en el escenario, porque mientras a otros concursantes lo más dinámico que les toca hacer en cada gala es la digestión, a la ucraniana solo le falta atravesar aros de fuego, desollar un yak y nadar en un foso de tiburones en cada gala.

El renacido Lucas, ataviado con todas las joyas usurpadas a la nación Osage, —hoy son las nominaciones a los Oscars y está claro que en la Academia hay algún fan de Scorsese— interpretó el clásico One Way or Another como el himno adolescente que parece y no como la denuncia contra un exnovio acosador que escribió Debbie Harry como mecanismo de autodefensa. Un discreto Me too cuando nadie podía soñar un Me too. Como todo es copia, el uruguayo no interpretó la versión original de Blondie sino la de los One Direction. No fue su mejor actuación, pero Lucas está en modo guapo y eso no solo le salva de las nominaciones, también le convirtió en el favorito de la semana y probablemente lo impuse hasta la final.

Que lo importante no es ganar y a veces ni siquiera participar lo corrobora Leo Rizzi que ha pasado de rechazado en la edición de 2018 a ver su éxito Amapolas interpretado por Álvaro y Paul, dos de los concursantes más infravalorados de la edición. Después de hacer un homenaje a las mamparas anticovid, evidenciaron que aunque Chenoa quiera estar a todo, no le da la vida para diferenciar shippeo de salseo, pero ella lo intenta y bastante es. Paul y Álvaro Mayo descubrieron en su escapada navideña que algunos espectadores les shippean y la dirección de la Academia, siempre atenta al morbo, les dio una de esas canciones para un solista que transforman aleatoriamente en un dueto a mayor gloria de “polvorón”, su marca de shippeo, a veces los nombres de pareja son un poco desafortunados.

Operación Buika

Con las valoraciones quedó claro que el jurado y los abonados a Amazon Prime habían visto dos galas distintas. Cada vez más consciente de que a partir de la última actuación entramos en Operación Buika, la cantante nos regaló sentencias como “la lentitud es precisión y la precisión es rapidez” porque cuando no está lacerando concursantes escribe las frases de las galletas de la fortuna de los restaurantes chinos. Después valoró a Lucas con un “Si tú me dices ven yo te digo ofrézcome sin remisión ninguna” que viene a ser la obra completa de Santa Teresa de Jesús en doce palabras.

Una semana más Juanjo solo tuvo que existir para cruzar la pasarela porque “se lo ha currado mucho” mientras que a las 47 especialidades olímpicas emuladas por Ruslana en el escenario les faltó “un punto sorprendente”. A ver, es cierto que, podría haber realizado su actuación deslizándose por un alambre a 30 metros de altura a lo Pinito del Oro, de hecho es físicamente posible. ¿Lo ha hecho? No, pues nominada. Al igual que Álvaro y Paul. Sus voces se empastaron, ambos derrocharon química, física y hasta educación para la ciudadanía, pero no fue bastante porque no se “impulsaron”. Tampoco la exquisita interpretación de Bea fue suficiente para librarse una vez más de la nominación. OT es la constatación de que la meritocracia no existe. Existe lo mismo que en su exterior: ser guapo y caer en gracia. Como era de esperar, los profesores salvaron a Ruslana, los compañeros eligieron a Bea y será el público quien tenga la ingrata tarea de poner fin al “polvorón”.

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