El BCE prevé que la mala evolución de la productividad sea temporal | Economía

La productividad no arranca en Europa. Esta ha caído debido al fuerte crecimiento del empleo en plena debilidad económica. Sin embargo, el Banco Central Europeo cree que este retroceso será temporal y que la productividad irá mejorando conforme repunte la actividad, según un estudio elaborado por Óscar Arce, actual director de Economía del BCE, y David Sonderman.

La evolución de la productividad ha sido peor en la zona euro que en Estados Unidos desde que se creó la moneda única, entendiendo esta como la producción media por trabajador. Mejoró ligeramente con la recuperación de la pandemia. Pero ha vuelto a deteriorarse. El informe apunta, tomando datos desde el 2000, que la principal clave en el comportamiento de la productividad en Europa ha sido el ciclo económico. Cuando la economía mejora, así lo hace la productividad. Y cuando empeora, la productividad también se resiente. Es decir, mantiene un comportamiento procíclico.

El mayor uso de la tecnología durante la pandemia puede haber contribuido a mejorar algo la productividad. Pero el shock energético tras la invasión de Ucrania podría, por el contrario, haberla lastrado. Aunque está por ver cuánto será estructural, el factor que ha marcado más la evolución de la productividad ha sido la acumulación de trabajadores a pesar del estancamiento económico. Es lo que en la jerga especializada se llama labour hoarding: las empresas han estado reteniendo a sus empleados incluso produciendo menos porque esperan que más adelante haya una mejora del negocio. Sobre todo si se tiene en cuenta el contexto de falta de mano de obra y el coste de despedirlos para luego volver a ficharlos y formarlos.

El banco central indica que esta es una práctica habitual de las empresas y que, además, en Europa siempre se ha preferido la protección del empleo sobre la flexibilidad, lo que puede estar exacerbando todavía más ese comportamiento procíclico de la productividad. Máxime después de los programas de protección del empleo que se desplegaron en todos los países europeos como los ERTE. Las investigaciones del BCE constatan que ha habido un aumento significativo del tamaño de las plantillas después de la pandemia. Este ha sido el principal motivo de que se haya deteriorado la relación entre la producción y los trabajadores, concluye el análisis dirigido por Arce, que antes fue director del servicio de estudios el Banco de España y ahora preside el comité de política monetaria del eurosistema, el organismo técnico que asesora al consejo de gobierno del BCE.

Varios elementos han alimentado durante los últimos trimestres el fuerte tirón de la ocupación. Uno de ellos es el incremento de los márgenes en la zona euro en 2022 y 2023. El BCE ha encontrado una conexión estadística sólida entre la acumulación de empleados y los márgenes: cuanto mayores sean estos últimos, mejor se comporta el empleo de las empresas. Los márgenes han creado el espacio financiero para aguantar los puestos de trabajo, dice el eurobanco.

La otra causa ha sido la bajada de los salarios reales por la inflación. Cuando se dispararon los precios, los sueldos se quedaron atrás y solo empezaron a repuntar con un cierto retraso. Esto ha abaratado el factor trabajo y ha facilitado que se mantenga el empleo. Mientras que los ingresos de las compañías suben con la inflación, el salario no aumenta en la misma medida y, en consecuencia, el coste laboral cae. A su vez, este abaratamiento del trabajo ha estimulado la contratación por encima del ritmo al que avanzaba la producción, lo cual ha socavado la productividad.

Además, las empresas han engordado su fuerza laboral tras la pandemia. Por un lado, la demanda ha crecido con vigor una vez pasada la covid. Por otro, las compañías han anticipado una escasez de trabajadores debido al envejecimiento de la población y la falta de mano de obra cualificada. Al mismo tiempo, se ha elevado el porcentaje de trabajadores de mayor edad que siguen en el mercado laboral y ha habido fuertes llegadas de inmigrantes. Ante la posibilidad de encontrarse con una escasez de empleados, las empresas han contratado buena parte de este aumento de la oferta laboral a pesar de enfrentarse a una coyuntura todavía débil. Las compañías han aceptado una menor productividad para cubrirse ante el riesgo de no hallar trabajadores, señala el informe.

Cae la jornada media trabajada

Por otra parte, la jornada trabajada media ha registrado una caída. No solo por un aumento de las bajas laborales tras el coronavirus, sino también porque muchos trabajadores han preferido reducir sus horarios. Y esto ha provocado probablemente que las empresas tengan que contratar más para compensar las menores horas trabajadas en total: a finales de 2023, el trabajador medio realizaba unas cinco horas menos al trimestre que antes de la pandemia, lo que equivale a cerca de dos millones de empleados a tiempo completo, recuerda el BCE. Comparado con 2019, la productividad por trabajador ha caído un 0,8% mientras que la productividad por hora trabajada ha subido un 0,6%.

Todos estos factores han impulsado un mercado laboral boyante desde 2022. Y han amplificado el problema de una productividad mediocre. Pero, según el eurobanco, no parece que en el futuro inmediato vayan a continuar afectando con la misma intensidad. En primer lugar, los márgenes empresariales ya se están ajustando y se espera que sigan descendiendo para absorber el incremento de los salarios nominales, reduciendo el músculo financiero para continuar contratando al mismo ritmo. En segundo lugar, conforme suben los sueldos, el coste laboral se encarece y esto debería reducir las vacantes. Tercero, la escasez de trabajadores se está moderando, lo que disminuye la urgencia para encontrar trabajadores. Y cuarto, aunque los empleados a tiempo completo quieran hacer menos horas, eso puede verse compensado porque los que están a tiempo parcial quieren hacer más. De modo que la tendencia de que cada vez se trabaje menos horas seguirá, pero probablemente con una intensidad bastante menor. En consecuencia, la necesidad de contar con más trabajadores para compensar jornadas más cortas podría suavizarse.

Por estas razones, el BCE considera probable que la productividad del trabajo experimente una mejora más allá de la que debería producirse según se vaya recobrando poco a poco la economía. A su vez, la recuperación de la productividad debería contribuir a que la inflación pierda fuerza y converja hacia el objetivo del 2%. Con todas las cautelas por los fortísimos shocks vividos en los últimos cuatro años, estas son las hipótesis que subyacen en las previsiones económicas que maneja el eurobanco.

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